De acuerdo con su Manifiesto original, la agilidad se vincula a la flexibilidad y la habilidad de adaptarse y responder al cambio. En los equipos, la cultura Agile implica la capacidad de acompañar los cambios en los requisitos y el entorno (mercado, clientes, accionistas, equipos…), para crecer y conseguir los objetivos y resultados concretos de forma rápida.
Propósitos de una cultura Agile
Los propósitos de una cultura organizativa Agile son aportar más valor, aumentar la velocidad de respuesta y disminuir el derroche de tiempo y recursos. Entornos volátiles, inciertos y cambiantes, como los que se encuentran la mayoría de las organizaciones actuales, requieren un cambio de mentalidad hacia la agilidad para superar obstáculos, facilitar los procesos y liberar la creatividad e iniciativa de los equipos Por lo tanto, para construir una Organización Àgile, priorizaremos las personas y sus interacciones, la colaboración, la respuesta al cambio y la entrega de valor.
A la vez, los espacios y momentos de reflexión son una pieza esencial de la cultura ágil, entendiendo que no puede haber mejora continua en la acción sin reflexión. Por eso, el feedback entre el equipo y también con los clientes y otros stakeholders, formará parte de las habilidades a desarrollar.
La figura del Agile coach
El coach, como agente de cambio en la organización, promueve que los equipos lleguen a autogestionarse y autoorganizarse, y que incorporen los errores como parte de los aprendizajes y de la mejora continua. Activa el compromiso, el alineamiento y la autonomía de los equipos dentro de la organización y desarrolla su resiliencia.
El Coaching de Equipos, con la figura de la Agile coach, acompaña la organización en los procesos de cambio y desarrollo cultural, a cocrear, compartir y colaborar. El reto y la clave de éxito es ir más allá del «hacer” las cosas de una manera rápida y llegar al «ser” Agile de forma sostenible y en todos los niveles de la organización.


